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Europa ante el avance de la incredulidad: un llamado urgente a la re-evangelización

Europa fue durante siglos uno de los principales pilares del cristianismo. Desde sus tierras se formularon los grandes concilios, se consolidó la teología cristiana, se enviaron misioneros al mundo entero y se edificó una cosmovisión profundamente marcada por la fe bíblica. Sin embargo, el continente que una vez fue cuna del cristianismo vive hoy una de las crisis espirituales más profundas de su historia: el avance sostenido de la incredulidad, la secularización y la fragmentación religiosa. La descristianización europea no se produjo de forma repentina. Ha sido el resultado de un proceso largo, progresivo y, en muchos casos, silencioso. La exaltación del racionalismo, el desplazamiento de Dios del espacio público, el relativismo moral y la pérdida de autoridad de las Escrituras han generado una sociedad que, aun conservando símbolos culturales cristianos, ha perdido su fundamento espiritual. Europa no se ha vuelto atea de forma militante, sino indiferente; y la indiferencia espiritual es, quizá, una de las formas más peligrosas de incredulidad. A este panorama se suma un fenómeno interno especialmente delicado: la proliferación de interpretaciones bíblicas divergentes, muchas de ellas extremas, descontextualizadas o abiertamente contrarias al mensaje central del evangelio. Bajo el nombre de “cristianismo” conviven hoy posturas que niegan verdades esenciales de la fe, diluyen el mensaje de la cruz o adaptan la Escritura a las demandas culturales del momento. Esta fragmentación doctrinal no fortalece a la Iglesia; la debilita, confunde y desacredita su testimonio ante una sociedad ya escéptica. Relacionado con esto, el surgimiento y expansión de sectas nacidas del propio tronco cristiano representa otro serio desafío. Estas corrientes suelen ofrecer respuestas simples a problemas complejos, utilizan un lenguaje bíblico pero lo reinterpretan según intereses particulares, y captan a personas con poca formación doctrinal o en momentos de vulnerabilidad personal. El resultado es una mayor confusión espiritual y una imagen distorsionada del cristianismo auténtico. Paralelamente, Europa experimenta una presencia musulmana cada vez más visible, fruto de procesos migratorios y demográficos evidentes. En muchos casos, esta convivencia se desarrolla de forma pacífica; sin embargo, no puede ignorarse la existencia de corrientes islamistas radicales que, en su expresión más extrema, rechazan los valores democráticos y la libertad religiosa. El problema no es únicamente político o social, sino profundamente espiritual: mientras el cristianismo europeo se debilita, otras cosmovisiones avanzan con convicción, identidad y sentido de misión. Este contexto revela una realidad inquietante: Europa no solo necesita evangelización, sino re-evangelización. No se trata de introducir el evangelio en una cultura que nunca lo conoció, sino de volver a anunciarlo con claridad, autoridad y poder espiritual a una sociedad que lo ha olvidado, distorsionado o rechazado. La Iglesia no puede limitarse a conservar estructuras ni a mantener tradiciones; está llamada a recuperar su identidad misionera. La re-evangelización exige, en primer lugar, un regreso decidido a las Escrituras como autoridad suprema de fe y conducta. Solo una enseñanza bíblica sana, profunda y fiel puede contrarrestar tanto la incredulidad como los extremos doctrinales. En segundo lugar, requiere creyentes comprometidos, coherentes y visibles, cuya vida refleje la transformación que el evangelio produce. Europa no necesita discursos religiosos vacíos, sino testigos vivos de Cristo. Finalmente, esta tarea demanda urgencia. El vacío espiritual no permanece vacío por mucho tiempo: siempre es ocupado por otras ideologías, creencias o radicalismos. Si la Iglesia no anuncia el evangelio con amor, verdad y valentía, otros lo harán con mensajes muy distintos. Europa aún conserva memoria cristiana; pero la memoria, sin fe viva, se convierte en ruina. Hoy más que nunca, el llamado es claro: levantar una generación de creyentes que asuman la responsabilidad histórica de volver a proclamar a Jesucristo en una Europa cansada, confundida y espiritualmente hambrienta. La re-evangelización no es una opción; es una necesidad inmediata.

 
 
 

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