Maranata: la esperanza que me impulsa
Atualizado: 6 de ago.
Yo soy el Alfa y la Omeg, dice el Señor Dios.Yo soy el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderos. (Apocalipsis 1:8)
Él regresará. Él seguramente regresará por su pueblo, por su novia. Esta reflexión no podría comenzar de otra manera, ya que Jesús es la esperanza viva por la cual nos movemos: la esperanza de que Él regresará para juzgar a las naciones, para reinar en su trono y para establecer la plenitud de los tiempos. Esta esperanza debe motivarnos a perseguir, sin distracciones, el propósito de Dios para nuestras vidas. Es decir, a no conformarnos con una vida mediocre, donde el conformismo reina y nuestra existencia queda a merced de un mundo que yace bajo el maligno.
Ahora bien, si Jesús entregó su vida en un madero para que yo pudiera obtener salvación y una vida abundante en Él, ¿de qué me sirve elegir vivir una vida en la que no persigo su propósito para mí? En ese caso, si decido vivir de esa manera, la única conclusión a la que llego es que estoy anulando conscientemente su sacrificio por mí y, de esta forma, rechazando su gracia y su perdón. Esta esperanza debe ser nuestro impulso motivador, aquello que nos lleva a romper con nuestros miedos, prejuicios, estereotipos y, sin lugar a dudas, a romper con el pecado.
En esta breve reflexión, me gustaría poder compartir contigo un tesoro de mi corazón. Ese tesoro es cuánto anhelo el regreso de mi Amado, cuánto deseo ver su rostro, tocarlo y poder abrazarlo. Cuánto deseo ver todas las rodillas doblándose delante de Él y toda lengua confesando que Él es el Cristo que habría de regresar.
Quizás te preguntes qué tiene que ver esto con el propósito de vida, y la respuesta es muy sencilla: todo. Tiene todo que ver porque, si esta verdad absoluta no reina en nuestros corazones y esta esperanza no es real en nosotros, estaremos simplemente corriendo detrás del viento. Necesitamos generar este anhelo y deseo por el regreso de Jesús a través de la intimidad y la contemplación con el Espíritu Santo; como consecuencia, Él se encargará de hacernos conocer los deseos del corazón de Dios para nuestras vidas y para las naciones. Sin embargo, todo comienza con el anhelo de su regreso. Porque todo lo que hacemos debe, o al menos debería, apuntar hacia eso.
Que, en este momento de lectura, a través de esta breve reflexión, tu alma encuentre aquello que necesita para clamar: «¡Maranata, ven, Señor Jesús!» y, de esta manera, desborde esta esperanza a través de tus actitudes intencionales y misionales en tu casa, barrio, ciudad, iglesia, país y naciones. ¡Que Dios te bendiga!





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